Saltar al contenido

Archivo

Autor del Archivo

Deseos

Oct 28

Extraido de mi diario, 1 julio 2008

El niño no callaba: “Lo quiero, lo quiero, lo quiero… “, lloraba y pataleaba exigiendo su premio.

Finalmente comprendió que jamás conseguiría colmar su eventual anhelo. Al final sólo aquél viejo balancín caballito de madera negro, golpeado, rallado, desconchada su pintura, esa que un día protegió su pulida y veteada piel de las largas jornadas cabalgando por el duro y espartano desierto, sólo aquel desgastado équido conseguiría acallar los deseos de su corazón, a todo trote huyendo de los temidos pieles rojas a lo largo de la profundidad del pasillo iluminado por el brillo de la cera sobre el terrazo.

Entendió que en esta vida hay que saber plantarse a la hora de elegir. Hay que saber cual es el verdadero deseo. Y ese deseo es, en todos los casos la felicidad.

Él comprendió que mientras lloraba en aquel rincón lamentándose de su miserable vida por no haber conseguido hacerse con aquel sofisticado videojuego, su hermanito pequeño se divertía con el viejo caballito, y que en verdad eso era lo que importaba, el tener, el vivir, el conseguir mantener esos instantes en los que la alegría nos ciega de la realidad de nuestras vidas, en los que puedes considerar que ese instante eres realmente feliz.

Buscamos y re-buscamos, deshechando la mayor parte de esos feos o imperfectos juguetes durante nuestro camino, pensando quizás que más allá habrá algo mejor.

Cuando con el tiempo llegamos a haber sufrido el eco de nuestras palabras en la intimidad de la alcoba, entonces nos percatamos de que en realidad no hay un final en el camino, únicamente hay un duro y solitario recorrido. Un viaje que no acaba de llevarnos a ninguna parte y que sólo nos deja los recuerdos de las estaciones en las que pudimos bajarnos, paradas poco interesantes entonces, que ojalá volvieran a presentarse.

Pero ya es tarde, y nuestra avaricia ha roto el saco de los deseos y nos quedamos con el agujero de la soledad. Y ya este tren no parará ni en las malas estaciones; entonces es cuando comprendemos que a la mayoría de las personas en nuestra situación lo que más nos aisla es nuestra própia lucha por conseguir la mejor compañía.

Rafa.

El otro día descubrí que hay ocasiones en las que las leyes de las probabilidades pueden «doblarse» o ser conceptuadas en un sentido distinto al que impone el universo de las matemáticas.

Voy a explicaros mi idea:

En una explanada limpia, sin ningún objeto en kilómetros a la redonda, hay marcadas en el suelo 3 líneas paralelas las cuales están separadas de manera equidistante varios metros entre sí.

Con los ojos tapados nos situamos sobre la línea central (y alguien nos desorientará dándonos whisky o girándonos sobre nuestro própio eje). Una vez mareados, un gracioso nos propondrá caminar a lo loco hasta que se acabe el camino o hasta que toquemos una de las 2 líneas exteriores:

. Llegar a tocar la línea de nuestra izquierda (A)
. Acabar en la misma línea (central) en la que estamos (B)
. Llegar a tocar la línea de nuestra derecha (C)

Según las leyes de la probabilidad, la posibilidad aleatoria excluyente de concluir en cada uno de los 3 puntos debería ser el 33,33%.
Si analizamos la situación en relación a la posición de partida, existe un 50% de probabilidades de acabar en la misma linea central (B) y un 25% de acabar en las líneas laterales.

Teorema del Mantenimiento

Teorema del Mantenimiento

En un recorrido aleatorio, las posibilidad de acabar en el punto de partida es superior a la de terminar en puntos remotos equidistantes al mismo pues en cada momento la distancia entre la línea exterior y el centro… es la misma.

De esta forma, durante el recorrido hasta por fin tocar una de las líneas exteriores pisaremos muchas más veces la línea central desde donde hemos partido.

No se si servirá para algo, pero me ha parecido interesante compartirlo con vosotros.

Rafa.

Esta ciudad es atravesada por el río Pregolya, el cual se bifurca para rodear con sus brazos a la isla Kneiphof, dividiendo el terreno en cuatro regiones distintas, las que entonces estaban unidas mediante siete puentes llamados Puente del herrero, Puente conector, Puente verde, Puente del mercado, Puente de madera, Puente alto y Puente de la miel.

El problema fue formulado en el siglo XVIII y consistía en encontrar un recorrido para cruzar a pie toda la ciudad, pasando sólo una vez por cada uno de los puentes, y regresando al mismo punto de inicio.

Este es un célebre problema matemático, resuelto por Leonhard Euler en 1736 y cuya resolución dio origen a la teoría de grafos. Su nombre se debe a Königsberg, el antiguo nombre que recibía la ciudad rusa de Kaliningrado, que durante el siglo XVIII formaba parte de Prusia Oriental, como uno de los ducados del Reino de Prusia.

El problema consistía en responder a la siguiente pregunta:

Problema de los 7 puentes de Königsberg

Problema de los 7 puentes de Königsberg

Dado el mapa de Königsberg, con el río Pregolya dividiendo el plano en cuatro regiones distintas, que están unidas a través de los siete puentes, ¿es posible dar un paseo comenzando desde cualquiera de estas regiones, pasando por todos los puentes, recorriendo sólo una vez cada uno, y regresando al mismo punto de partida?

 

Pues bién, la solución propuesta por este señor fué decir que NO hay solución. 😛

Bueno, después de un par de horas pensando y analizando detalladamente los detalles de la pregunta, propongo mi solución…

Solución a los 7 puentes de Königsberg

Solución que propongo al problema de los 7 puentes de Königsberg

Si os fijáis, se cumplen todas las premisas: Empieza y acaba en el mismo punto, pasa por todos los puentes y los recorre sólo 1 vez (no dice nada de si se puede hacer mitad y mitad).
Espero que os hayáis divertido con esto 😉

Rafa.

Bueno, parece que el Blog ya está instalado en su mayor parte, espero que disfrutéis leyéndome.

Saludos a todos.

🙂